• Psic. Ana Jimena de los Cobos

¿Cómo podemos ser empáticos?

Actualizado: 2 mar

El miércoles, pregúntale a uno de nuestros especialistas en Diversia

Por: Psic. Ana Jimena De los Cobos


Cuando escuchamos una canción que nos interesa, rápidamente buscamos cómo se llama y qué mensaje tiene. Esto tan sencillo demuestra que somos capaces de dos cosas, la primera de escuchar y concentrarnos activamente cuando nos lo proponemos, y la segunda es que somos capaces de percibir el mensaje real dentro de muchas palabras. La escucha y la percepción son características propias de la “Empatía”.


Como definición podemos decir que la empatía es “la respuesta afectiva de comprensión sobre el estado emocional de otros, que induce a sentir el estado en que se encuentra el otro” (Galvis, 2014). Por otro lado, Goleman, 2010, menciona que es la capacidad para sintonizar con los demás y afecta un amplio espectro de actividades, desde las ventas hasta las relaciones amorosas; incluso su ausencia podemos encontrarla en personas que sufren trastornos psicológicos, tales como la psicopatía; por lo tanto, la empatía es base para producir entornos de armonía y sana convivencia.


Estudios de Preston, 2002, refieren que muchas especies animales se afligen ante el dolor de un miembro de la misma especie y actúan para acabar con el objeto que provoca dicho dolor, incluso aunque suponga un peligro para ellos mismos. A nivel biológico las neuronas espejo son la base de la empatía, las cuales se activan en respuesta a los actos y emociones de los demás, en una especie de intento del cerebro por experimentar lo que el otro experimenta. De ahí, por ejemplo, que bosteces cuando el otro bosteza (Fourner, 2019).

Es interesante darse cuenta que esta habilidad social aparece desde bebés, al reaccionar con llanto ante sucesos inesperados y recibir el consuelo por parte de los cuidadores. Después del primer año, cuando los niños comienzan a tomar conciencia de que son una entidad separada de los demás, tratan de calmar de un modo más activo el desconsuelo de otro niño ofreciéndole, por ejemplo, una paleta. A la edad de dos años, los niños comienzan a comprender que los sentimientos ajenos son diferentes a los propios y así se vuelven más sensibles a las pistasque les permiten conocer cuáles son realmente los sentimientos de los demás.


Aun así, no es frecuente que las personas formulen verbalmente sus emociones y éstas, en consecuencia, suelen expresarse a través de otros medios. La clave que nos permite acceder a las emociones de los demás radica en la capacidad para captar los mensajes no verbales (tono de voz, gestos, expresión facial, etc.). Esto incluye aprender a observar, escuchar y a formular las preguntas correctas y a discriminar entre lo que el otro expresa y los propios juicios.


Ten en cuenta que la empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo; cuánto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar y comprender los sentimientos de otros. La empatía se da en todas las personas de mayor o menor grado, no se trata de un don especial con el que nacemos. No te preocupes si consideras que “no tienes empatía” ya que, como muchas habilidades, se puede desarrollar y potenciar mediante actos repetitivos que llevan a que poco a poco seamos mejores en hacerlo.



¿Te gustaría ser más empático? Aquí te dejamos algunos tips…


- Aquí y ahora: dejando tus preocupaciones por un momento, concéntrate en la persona y en el momento, tratando de comprender sus verdaderos deseos y miedos sin estar pendiente de lo que vas a decir a continuación.

- Escucha activa: escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo. Da un consejo solo si te lo piden o tú pregunta si lo necesitan, a veces es suficiente estar ahí.

- Validar la emoción: Tal vez no estés de acuerdo con lo que está viviendo esa persona, te puede parecer exagerado o alejado de la realidad, pero en el momento en que lo expresa no menosprecies su sentir, recíbelo y hazlo sentir comprendido. Ej. Eso no es nada, a mí me pasó algo peor. Cámbialo por: Es difícil lo que estás viviendo, entiendo que te gustaría que fuera diferente…

- Expresar sentimientos no dichos: A veces las personas solo hablan y describen la situación, sin mencionar lo que en realidad están sintiendo. Cuando veas prudente, haz una pausa y pregunta ¿qué sientes? O tú mismo puedes decirlos: Me imagino que te sientes triste, preocupada…

- Parafrasear: A las personas les sirve escuchar de otra forma lo que les está sucediendo para tener más claridad, parafrasea lo que escuchaste y devuélvelo a esa persona. También le ayuda a reafirmar si estás comprendiendo o no. Ej. Escucho que estás molesta por lo que pueda suceder, que no sabes qué hacer y te sientes sola, ¿es así?

- Involúcrate: Estar cerca de grupos vulnerables, por ejemplo, adultos mayores en asilos, niños en orfanatos, gente que vive en pobreza, personas con discapacidad, entre otros, despertará mayor sensibilidad en ti que te ayudará a llevarla con las personas más cercanas a ti.

- No olvidar la separación: Podemos caer en el extremo de hacer nuestro el problema que acabamos de escuchar. Recuerda siempre que tú no eres responsable de resolverlo, solo eres un acompañante. No siempre se trata de sentir lo que el otro siente, sino comprender y acompañar el sentimiento del otro.

- Sé empático en los momentos positivos: No solo la empatía es en los momentos difíciles, demuéstrala también en los momentos de gozo y alegría. Felicita y celebra con las personas, aunque no sea tu éxito.

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RECUERDA: Todos somos humanos con las mismas emociones y motivaciones. Simplemente, nos han puesto en lugares y situaciones distintas.

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