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¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR Y CÓMO LO MANEJO?

Por: Psicóloga Michelle Sesín

Vivimos en un mundo en el cual nuestra valía se basa en todo lo que hemos logrado, en los éxitos personales y profesionales que hemos recolectado y en el cual la respuesta a el ¿quién soy?, normalmente es contestada por lo que se hace como profesión. No nos conocemos, ni nos entendemos sin logros que enseñar a los demás, y no nos consideramos suficiente si no cumplimos con las expectativas de  “productividad” que la sociedad nos impone. Tal vez esta es una visión muy generalista y no es algo que experimenten todos los individuos sin excepción, pero sin lugar a dudas, es algo que experimentan las personas con el famoso síndrome del impostor.


Este concepto se define por el hecho de que la persona que lo experimenta, no se siente suficientemente exitoso o competente, y cree que todos sus logros, su trayectoria tanto profesional como personal o su conocimiento son meramente por suerte y que en cualquier momento va a ser “descubierto” como lo que es, alguien que no sabe nada y que no ha logrado nada por sí solo.

Además de todo lo anterior mencionado, este síndrome se diferencia por hacer sentir a aquel que lo padece muy ansioso constantemente, como si fuera a ser cuestionado sobre sus acciones todo el tiempo, como un temor sin parar de qué va a ser públicamente humillado por el hecho de no saber nada o no lograr nada. Es una sensación incómoda de “nunca estar a la altura”. Como si todo el mundo confiara en ellos, pero ellos temieran no ser tan buenos como se piensa.


Según la doctora Baida Gil (2015), existen dos tipos de síndrome del impostor; aquel que es temporal por falta de experiencia, por ejemplo cuando se está empezando una carrera o una experiencia laboral y se siente incapaz hasta que se aprende más al respecto. Y el otro tipo, que es el que sólo empeora, y sin importar lo que se trabaje o se logre, se sigue sintiendo incapaz y como si alguien lo fuera a descubrir.



Causas del síndrome del impostor


La verdadera y única razón por la cual una persona puede experimentar el síndrome del impostor no se ha descubierto en sí, ya que existen demasiados factores por los cuales se puede llegar a desarrollar esta sensación en un individuo. Sin embargo, las dinámicas familiares desde la infancia tienen un rol importante en el desarrollo de este síndrome, desde el estilo de crianza a lo que se escuchaba en casa, la educación violenta o con abuso psicológico, la comparación con los hermanos o los padres exigentes. Además de la dinámica familiar, los estereotipos y las diferencias en el ámbito laboral también forman parte del problema.


Un aspecto sumamente importante que es la causa principal en cuanto a este síndrome, es la percepción del éxito. Lo que una persona piensa sobre sí misma puede estar muy relacionado con esto, puede ser que para otras personas seas el más exitoso del mundo por todo lo que has logrado, pero que tu no lo sientas de esta manera por lo que piensas en tu cabeza qué significa el éxito. Siendo el éxito un concepto relativo, porque para cada persona significa algo diferente, nunca se va a poder vivir a las expectativas de todo el mundo.



¿Qué hacer si me siento identificado? ¿Cómo lo manejo?

  • El primer paso para manejar este síndrome, es entender lo que sientes y porqué lo sientes, entender las razones más profundas por las cuales te estás sintiendo que no estás a la altura, tomar en cuenta estos conceptos de manera objetiva te ayudará a entender si son razones válidas, o es simplemente algo relacionado con la infancia, algo aprendido que se puede desaprender.

  • Es importante analizar tus creencias sobre tí mismo, qué es lo que en realidad piensas sobre ti mismo sin censura, cuáles piensas que son tus limitantes, en qué piensas que eres bueno, y analizar tu autoestima y autovalía.

  • Comenzar a agradecer cuando se te da un cumplido y a creerte cuando se te menciona que algo estuvo bien hecho o bien logrado. Sin justificaciones por el hecho de aceptar un cumplido o que algo lo realizaste de la manera correcta.

  • Celebrarte, agradecerte y también perdonarte por todas las veces que no lo hiciste.

 

 

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