Coparentalidad: cuando la pareja termina, pero la crianza
- Ximena Ravelo
- hace 2 horas
- 3 min de lectura
Cuando una relación de pareja llega a su fin, muchas personas creen que todo termina ahí. Sin embargo, si hay hijos de por medio, la historia continúa desde un lugar diferente: la coparentalidad. Aunque el vínculo de pareja cambie o desaparezca, el rol de mamá y papá permanece. La forma en que ambos logren relacionarse después de la separación tendrá un impacto importante en el bienestar emocional de sus hijos.

¿Qué es la coparentalidad?
La coparentalidad es la capacidad de dos personas para trabajar juntas en la crianza de sus hijos, aun cuando ya no sean pareja. No significa ser amigos ni llevarse perfectamente. Tampoco implica estar de acuerdo en todo. Se trata, más bien, de encontrar maneras de colaborar, comunicarse y tomar decisiones pensando en lo que es mejor para los hijos, dejando en segundo plano los conflictos personales.
¿Por qué es tan importante?
Los niños necesitan sentirse seguros. Cuando perciben que sus padres pueden comunicarse con respeto y resolver los asuntos relacionados con ellos sin ponerlos en medio del conflicto, suelen adaptarse mejor a los cambios familiares. Por el contrario, cuando existen discusiones constantes, descalificaciones o los hijos son utilizados como mensajeros o aliados, pueden aparecer dificultades emocionales como ansiedad, culpa, tristeza, problemas de conducta o un aumento del estrés. No es la separación lo que más afecta a los niños, sino la manera en que los adultos manejan esa separación.

Señales de una coparentalidad saludable
No existe una familia perfecta, pero sí existen prácticas que favorecen un ambiente más estable para los hijos.
Algunas de ellas son:
● Mantener una comunicación respetuosa y centrada en los temas relacionados con los hijos.
● Evitar hablar mal del otro progenitor frente a ellos.
● Respetar el tiempo que los niños pasan con cada uno de sus padres.
● Buscar acuerdos sobre aspectos importantes como reglas, horarios, escuela o salud.
● Permitir que los hijos expresen libremente el cariño hacia ambos padres, sin hacerlos sentir culpables.
Errores que suelen ocurrir
Después de una separación es normal experimentar enojo, tristeza o decepción. Sin embargo, algunas conductas pueden perjudicar a los hijos sin que los adultos lo noten. Entre las más frecuentes se encuentran:
● Pedir a los hijos que transmitan mensajes entre los padres.
● Interrogarlos para obtener información sobre la vida del otro.
● Hacerlos sentir responsables de los problemas familiares.
● Competir por ser “el padre favorito” mediante regalos o permisos excesivos.
● Involucrarlos en conflictos legales o económicos.
Los niños no deberían cargar con responsabilidades que pertenecen únicamente a los adultos.
Cuando ponerse de acuerdo parece imposible
Hay situaciones en las que la comunicación está muy deteriorada. En estos casos, la coparentalidad puede parecer una meta inalcanzable.
Sin embargo, incluso cuando la relación entre los padres es complicada, es posible establecer acuerdos básicos que prioricen las necesidades de los hijos. En ocasiones, el acompañamiento psicológico o la mediación familiar pueden facilitar este proceso y ayudar a disminuir los conflictos.
Pedir ayuda no significa haber fracasado; significa reconocer que la crianza es demasiado importante como para dejarla en manos del enojo o el resentimiento. Un mensaje para recordar
Los hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos capaces de recordar que, aunque la relación de pareja haya terminado, el compromiso de cuidarlos, protegerlos y acompañarlos sigue siendo compartido.
La coparentalidad no consiste en olvidar el pasado, sino en construir un presente donde los niños puedan crecer sintiéndose amados, seguros y libres de conflictos que no les corresponden.




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