Dormir con un ojo abierto: por qué tu cerebro no se apaga en septiembre
Son las 2:40 de la madrugada. Pasa un camión pesado por la calle, la ventana vibra un segundo, y ya estás sentado en la cama con el corazón acelerado antes de entender qué te despertó. No hubo sismo. Pero tu cuerpo respondió como si lo hubiera.
Nuestros abuelos lo llamaban tener un ojo al gato y otro al garabato. Resulta que el cerebro hace exactamente eso mientras duermes, y en septiembre lo hace más.
Si esto te ha pasado en las últimas semanas, no estás exagerando ni "poniéndote nervioso por nada". Estás observando un fenómeno neurobiológico bien documentado, y septiembre en Puebla es su temporada alta.

Dormir exige que el cerebro baje la guardia
El sueño no es un apagón. Es un estado activo que solo se instala cuando el sistema nervioso concluye que el entorno es seguro. Para lograrlo, el cerebro debe reducir la actividad del sistema nervioso simpático —el que prepara para pelear o huir— y bajar la señalización del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, la cadena hormonal que termina liberando cortisol (coloquialmente, “la hormona del estrés”).
Cuando existe una amenaza percibida como posible en cualquier momento, ese descenso no ocurre por completo. La literatura lo llama hiperactivación (hyperarousal), y es el mecanismo central de buena parte de los insomnios. El cerebro mantiene encendido un sistema de vigilancia mínimo: el umbral para despertar baja, los ruidos pequeños se vuelven señales, y el sueño se fragmenta en microdespertares que muchas veces ni siquiera se recuerdan al día siguiente. Solo se percibe el resultado: amaneciste cansado.
Esto explica la queja que más escucho en consulta durante estas semanas: "duermo, pero como si no hubiera dormido".
Lo que muestran los datos
La relación entre desastres y sueño está entre las mejor documentadas de la psiquiatría de emergencias.
Dos años después del terremoto de Haití de 2010, el 94% de los sobrevivientes estudiados reportó síntomas de insomnio posteriores al evento, y el 43% pesadillas.
Tras el Gran Terremoto de Japón Oriental, la prevalencia de insomnio en la población afectada pasó de 11.7% antes del desastre a 21.2% a los cuatro meses.
En niños y adolescentes evaluados tras el sismo de Lushan, los síntomas de insomnio alcanzaron 52% a los tres meses y 40% a los seis. Un dato clave: el insomnio a los tres meses predijo síntomas postraumáticos a los seis. El sueño no fue solo una consecuencia; fue un factor de riesgo.
En México, la revisión publicada en Salud Pública de México sobre los sismos de septiembre de 2017 recuerda que, en la evaluación del terremoto de 1985, se diagnosticó trastorno por estrés postraumático en 32% de 524 personas estudiadas, y 28% en una muestra de 641 personas alojadas en albergues. En escolares evaluados tras el 19 de septiembre de 2017, un estudio longitudinal encontró que, a los seis meses, un tercio de la muestra aún presentaba síntomas de estrés.
Puebla no es espectadora de esta historia. Fue una de las entidades directamente golpeadas por el sismo de magnitud 7.1 del 19 de septiembre de 2017, con epicentro en la zona limítrofe Puebla-Morelos.
Por qué justo ahora
Tres cosas coinciden este mes en nuestra región:
El aniversario. Las fechas ancla reactivan memorias emocionales. Es un fenómeno esperable, no una recaída.
El Segundo Simulacro Nacional, el sábado 19 de septiembre a las 12:00 horas. Este año una de las hipótesis de trabajo contempla un sismo de magnitud 7.7 con epicentro cercano a Tehuacán, Puebla. Que la hipótesis sea local hace que la noticia se sienta distinta.
El Popocatépetl, con semáforo en Amarillo Fase 2 y avisos periódicos de posible caída de ceniza sobre zonas del estado.
Vivir con una amenaza de fondo, real pero impredecible, es distinto a vivir un evento y recuperarse. Es una exposición de bajo grado y larga duración, y el sueño es uno de los primeros sistemas que lo resiente.
Una distinción que casi nunca se hace
No es lo mismo un dato medido en un estudio que la valoración de un experto. Ambas cosas valen, pero no valen igual.
La cifra que circula cada septiembre —que tres de cada diez personas que vivieron 2017 quedaron incapacitadas, y que los síntomas se agudizan al acercarse la fecha— proviene de declaraciones del doctor Benjamín Domínguez, de la Facultad de Psicología de la UNAM. Es la apreciación clínica de un especialista con trayectoria, no el resultado de una encuesta poblacional. Tómala como orden de magnitud.
Y una precisión del Servicio Sismológico Nacional que sí conviene retener: que los grandes sismos hayan coincidido en septiembre es eso, coincidencia. No hay forma de pronosticar fecha ni hora, ni evidencia de que este mes sea más peligroso. Si estás durmiendo mal por la idea de que septiembre trae algo consigo, esta observación importa más que la anterior. La fecha carga un peso emocional real. No carga un riesgo sismológico adicional.
La pregunta incómoda: ¿y la alerta en el celular?

Muchos pacientes me la hacen: ¿duermo con la aplicación de alerta sísmica activada o la silencio para descansar?
Aquí conviene separar dos cosas. Que una alarma nocturna fragmenta el sueño es un hecho fisiológico. Que convenga apagarla no es un dato médico: es una decisión personal que pesa seguridad contra descanso, y que depende de tu vivienda, tu historia, quién duerme en casa y cuánto riesgo toleras. No le corresponde a un médico tomarla por ti, y yo desconfiaría de quien te la responda en una línea.
Lo que sí puedo señalar son opciones intermedias que rara vez se consideran: revisar cuántas aplicaciones duplicadas tienes activadas y dejar solo una; ajustar el umbral de magnitud para que no te avise de sismos irrelevantes para tu zona; y verificar cuál es el volumen real de la alerta, porque muchas están configuradas mucho más alto de lo necesario para despertarte.
Qué sí ayuda
Prepárate en concreto, no en abstracto. La ansiedad anticipatoria se alimenta de escenarios sin resolver. Un plan familiar escrito, la mochila de emergencia armada y el punto de reunión acordado hacen más por tu sueño que cualquier técnica de respiración aplicada a la medianoche. Es la intervención con mejor relación esfuerzo-beneficio.
Deja de resolverlo en la cama. Si a los 20 minutos sigues despierto y dando vueltas al tema, levántate, ve a otro espacio con luz tenue y regresa cuando tengas sueño. Permanecer en la cama activado le enseña a tu cerebro que ese lugar es para preocuparse.
Cuidado con el alcohol como somnífero. Acorta la latencia para dormirte y fragmenta la segunda mitad de la noche. Empeora exactamente lo que quieres corregir.
Sostén el horario de despertar. Aunque hayas dormido mal. Es el ancla más potente del ritmo circadiano y lo que evita que unas noches malas se conviertan en un insomnio crónico.
Con niños y adolescentes: habla del simulacro antes, no después. Explícales que la alarma del 19 es un ensayo programado. Un niño que sabe qué va a sonar y por qué procesa el evento como entrenamiento; uno sorprendido lo procesa como amenaza. Y no minimices lo que sientan: validar no es alarmar.
Cuándo conviene consultar
Que el sueño se altere estas semanas es esperable y suele ceder solo. Vale la pena una valoración profesional si el problema persiste más de un mes después del 19, si la somnolencia diurna está afectando tu trabajo, escuela o manejo, si aparecen pesadillas repetidas del mismo contenido, o si ya estás usando alcohol o medicamentos sin indicación para poder dormir.
El insomnio responde bien a tratamiento, y tratarlo temprano modifica la trayectoria de lo demás. No es un detalle menor del cuadro: en varios estudios es la pieza que arrastra al resto.
Dormir bien no es bajar la guardia. Es, precisamente, lo que te permite tenerla mañana ♥
Fuentes
Coordinación Nacional de Protección Civil. Gobierno de México convoca al Segundo Simulacro Nacional 2026. https://www.gob.mx/sspc/prensa/gobierno-de-mexico-convoca-al-segundo-simulacro-nacional-2026
CENAPRED. Monitoreo del volcán Popocatépetl. https://www.gob.mx/cenapred
Servicio Sismológico Nacional, UNAM. Reporte especial: sismo del 19 de septiembre de 2017, Puebla-Morelos (M 7.1). http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2017/SSNMX_rep_esp_20170919_Puebla-Morelos_M71.pdf
Medina-Mora ME, et al. Impacto de los sismos de septiembre de 2017 en la salud mental de la población y acciones recomendadas. Salud Pública de México, 2018. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0036-36342018000700052
Blanc J, et al. Is resilience a protective factor for sleep disturbances among earthquake survivors? SLEEP, 2019. https://doi.org/10.1093/sleep/zsz067.883
Xu J, et al. Bidirectional associations of insomnia symptoms with somatic complaints and PTSD in child and adolescent earthquake survivors. Sleep and Breathing, 2019. https://doi.org/10.1007/s11325-019-01955-8
Estrés postraumático, ansiedad, afrontamiento y resiliencia en escolares tras el terremoto de 2017 en México. Psicología y Salud, Universidad Veracruzana. https://psicologiaysalud.uv.mx/index.php/psicysalud/article/view/2672
Declaraciones de B. Domínguez (Facultad de Psicología, UNAM) y V. H. Espíndola (Servicio Sismológico Nacional, UNAM), recogidas en prensa. Al menos 30% de la población presenta estrés postraumático por el 19S. Milenio, 19 de septiembre de 2022. https://www.milenio.com/politica/30-poblacion-presenta-estres-postraumatico





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