Juegos de mesa en casa: La herramienta psicológica en casa para trabajar las emociones de tus hijos
- Psicóloga Daniela Flores

- hace 15 horas
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Seguro tienes en casa una caja de UNO, un Jenga o el clásico Adivina Quién juntando polvo en el clóset. Normalmente los sacamos en tardes de lluvia, vacaciones o cuando queremos apagar las pantallas un rato. Lo que el juego en familia promete es diversión, pero lo que ocurre detrás de escena, a nivel psicológico, es un auténtico taller de crecimiento emocional.
Cuando los niños juegan, no solo están pasando el rato: están ensayando para la vida real. El tablero se convierte en un espacio seguro donde pueden experimentar la frustración, la envidia, la alegría del triunfo o el enojo sin que haya consecuencias graves. Jugar en familia es la mejor manera de enseñarles a conocerse a sí mismos y a relacionarse con los demás.
Hoy vamos a ocupar tres juegos comerciales muy comunes desde la psicología infantil. Descubre qué habilidad emocional está entrenando tu hijo en cada partida y cómo puedes potenciarla desde casa.

1. Jenga: El arte de la paciencia y la tolerancia a la frustración
El Jenga es el rey de la tensión. Todos sabemos de qué va: sacar un bloque de madera sin tirar la torre. Pero, ¿qué pasa a nivel emocional en un niño cuando acerca la mano a la madera?
La habilidad psicológica clave: El autocontrol y la resiliencia ante el fracaso.
El impulso natural de un niño es actuar rápido para conseguir lo que quiere. Jenga lo obliga psicológicamente a frenar, a respirar y a dominar su propia ansiedad antes de actuar. Además, cuando la torre inevitablemente se cae, el juego nos regala una lección maravillosa: el error y el fracaso no son el fin del mundo. En el Jenga, que todo se derrumbe es parte de la diversión y, sobre todo, es la oportunidad perfecta para volver a empezar desde cero.
Al jugar en casa pueden ajustar:
Si tienes un hijo que gestiona muy mal las pérdidas, se enoja en exceso o tira las piezas cuando falla, cambien las reglas de vez en cuando. Jueguen en modo cooperativo: una sola torre entre toda la familia. El objetivo ya no es ganarle al otro, sino sostener la torre en equipo. Así, el peso de la frustración se comparte y el niño aprende a calmarse observando cómo los adultos reaccionan de forma relajada ante sus propios errores.
2. UNO: Aprender a perder y gestionar la envidia
Pocas cosas generan tantas emociones encontradas en una tarde familiar como una partida de UNO. Estás a punto de ganar, te queda una sola carta y, de repente, el jugador de al lado te lanza un temido "+4".
La habilidad psicológica clave: La aceptación de los límites y la gestión de la injusticia.
En la vida real, las cosas no siempre salen como planeamos y a veces las situaciones parecen "injustas". El UNO recrea esto a la perfección. El niño pasa de la euforia (estar a punto de ganar) al enojo (recibir un castigo) en un segundo. Permanecer en la mesa y seguir jugando a pesar de que el entorno se puso en tu contra es un entrenamiento psicológico brutal para aceptar las reglas de la vida y aprender que las rachas de mala suerte también pasan.
Para jugar en casa:
Cuando a tu hijo le caiga un "+4", evita la tentación de suavizar el juego, perdonarle la penalización o hacer trampa para que no llore. Salvarlo del malestar le impide madurar. En su lugar, ayúdale a poner en palabras lo que siente: "¡Uf, qué mala suerte, te tocó robar! Da muchísima rabia que te cambien los planes así, ¿verdad? Pero tranquilo, el juego da muchas vueltas y te puedes recuperar". Validar su enojo en un ambiente seguro le enseña que las emociones incómodas se pueden sentir y superar.
3. Adivina Quién: Desarrollando la empatía y la conexión con el otro
Este clásico juego de descarte de personajes parece sencillo, pero invita al niño a salir de su propio mundo para fijarse en el mundo de los demás.
La habilidad psicológica clave:La empatía (ponerse en el lugar del otro) y la comunicación asertiva.
Durante los primeros años de vida, los niños son naturalmente egocéntricos; les cuesta entender que los demás ven el mundo de forma diferente a ellos. Para ganar en Adivina Quién, el niño está obligado psicológicamente a descentrarse: tiene que dejar de mirar su propio tablero, olvidarse de lo que él quiere y empezar a pensar en la mente de su oponente para hacer las preguntas correctas. Es un ejercicio puro de sintonía con el otro.
Para jugar en casa:
Para llevar este juego un paso más allá en el desarrollo de la empatía, jueguen una variante emocional. Prohíban preguntar por el sombrero, los lentes o el color de pelo. En su lugar, hagan preguntas basadas en la expresión facial o el contexto social del personaje: "¿Tu personaje se ve feliz?", "¿Tiene cara de estar asustado?", "¿Crees que es una persona amable?". Esto ayudará a tu hijo a entrenar la lectura de expresiones y el reconocimiento de emociones en los demás.

La próxima vez que juegues con tus hijos y aparezcan las risas, los berrinches por perder o las pequeñas discusiones por las reglas, no lo veas como un problema. Míralo como un momento para guiarlos en su manejo emocional. Tu hijo está aprendiendo a regular lo que siente, a convivir y a fortalecer el vínculo contigo. Menos pantallas y más tableros; a veces, la mejor crianza ocurre alrededor de la mesa del comedor.




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