¿Por qué procrastinamos?
- Psicóloga Bárbara Córdero

- 23 jul
- 1 min de lectura
¿Alguna vez has pospuesto una tarea importante, aun sabiendo que hacerlo te generará más estrés después? Si la respuesta es sí, no estás solo. Procrastinar es una conducta muy común y, contrario a lo que muchas personas creen, no siempre tiene que ver con la pereza.
En muchas ocasiones, procrastinamos porque la tarea nos genera emociones desagradables: miedo a equivocarnos, ansiedad, inseguridad, frustración o incluso la sensación de que no seremos capaces de hacerla "lo suficientemente bien". Al posponerla, experimentamos un alivio momentáneo, pero ese alivio dura poco. Con el tiempo, la preocupación aumenta y el ciclo vuelve a repetirse.
También puede influir el perfeccionismo. Cuando creemos que todo debe salir perfecto desde el primer intento, es más fácil evitar comenzar que enfrentarnos a la posibilidad de cometer errores.

La buena noticia es que la procrastinación se puede trabajar. Algunas estrategias que pueden ayudar son:
Dividir las tareas grandes en pasos pequeños y alcanzables.
Comenzar con solo cinco minutos de trabajo.
Recordar que "hecho" suele ser mejor que "perfecto".
Identificar qué emoción está detrás de la necesidad de posponer.
Es importante recordar que procrastinar de vez en cuando es parte de la experiencia hu
mana. Sin embargo, si esta conducta se vuelve constante y afecta tu trabajo, estudios, relaciones o bienestar, puede ser útil explorar qué está ocurriendo emocionalmente y buscar apoyo profesional.
La procrastinación no define quién eres. Comprender sus causas es el primer paso para desarrollar hábitos más saludables y una relación más compasiva contigo mismo.




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