Cuando la relación no es tóxica… pero tampoco te hace crecer
- Psic. Katharina Schieb

- hace 2 días
- 2 Min. de lectura
Hoy se habla mucho de relaciones tóxicas: control, celos, violencia, dependencia extrema. Y eso es necesario. Pero hay un tipo de relación mucho más difícil de identificar, porque no duele de forma evidente, no genera escándalo, no tiene villanos claros… y aun así te va apagando poco a poco.

Es la relación que no está mal, pero tampoco está bien. No hay drama, pero hay estancamiento
En este tipo de vínculos no hay gritos ni rupturas constantes. Hay risas, momentos buenos, incluso cariño real.
Lo que no hay es movimiento interno. No te sientes mal… pero tampoco te sientes más tú.
No te quita la paz… pero tampoco te impulsa a crecer.
No te limita abiertamente… pero te mantiene en pausa. Y eso confunde, porque nadie nos enseñó que el estancamiento emocional también es una señal. El vínculo funciona, pero ¿para quién eres tú ahí? Muchas personas permanecen en estas relaciones porque cumplen con lo “correcto”:
• Hay compañía
• Hay costumbre
• Hay intimidad
• Hay historia

Pero cuando se preguntan “¿Quién soy yo en esta relación?”, la respuesta suele ser incómoda. No eres más libre. No eres más auténtica. No eres más fuerte. Solo eres funcional. El gran autoengaño moderno. Uno de los discursos más peligrosos hoy es:
“Mientras no duela, está bien.”
Pero una relación no debería medirse solo por la ausencia de dolor, sino por la presencia de crecimiento. Hay vínculos que no rompen, pero tampoco sostienen.

No destruyen, pero tampoco construyen.
Y quedarse ahí no es neutral: es una forma lenta de renunciar a ti. La pregunta que casi nadie se hace
No es:
— ¿Lo amo?
— ¿Me trata bien?
— ¿Podría estar peor?
La pregunta honesta es:
¿Esta relación me está expandiendo o me está conteniendo?
Porque el amor sano no solo calma, también despierta.
No solo acompaña, también impulsa.
No solo se queda, también te invita a ir más lejos. Elegir crecimiento también es un acto de amor.

A veces soltar no es huir, es honrar lo que ya no se mueve. Y a veces quedarse no es lealtad, es miedo. El verdadero desafío en las relaciones actuales no es evitar lo tóxico, es atreverse a no conformarse con lo tibio.
Porque mereces un amor que no solo se sienta bien…
Sino que te haga más tú.




Comentarios