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Más allá del grito: Lo que tu hijo intenta decirte cuando explota.

Te ha pasado, ¿verdad? Estás en medio del supermercado, o quizás intentando salir de casa con prisa, y de repente: colapso total. Gritos, llanto en el suelo y una frustración que parece no tener fin. En ese momento, es fácil sentir que todos te juzgan o que tu hijo está intentando "manipularte".

Pero, ¿y si te dijera que ese berrinche no es un ataque contra ti, sino un grito de auxilio de un cerebro en construcción?.

El cerebro "en obras"

Para entender un berrinche, hay que mirar más allá. Los niños pequeños viven gobernados por su sistema límbico (la parte del cerebro encargada de las emociones básicas y la supervivencia). La corteza prefrontal, que es la parte encargada de la lógica, el control de impulsos y el lenguaje, aún no está conectada del todo.

Cuando un niño se desborda, no es que no quiera calmarse, es que literalmente no puede. Su cerebro está inundado de cortisol y necesita un "copiloto" que le ayude a aterrizar.

La analogía del "Cerebro de la Palma de la Mano"

El neuropsiquiatra Daniel Siegel explica esto de forma brillante. Imagina que tu mano es un modelo de tu cerebro:

●       El pulgar doblado hacia adentro representa el cerebro emocional (sistema límbico).

●       Los dedos cerrados sobre el pulgar representan la corteza prefrontal (la lógica y la calma).

Durante un berrinche, el niño "destapa la tapa" (levanta los dedos). La parte lógica se desconecta y queda expuesto el pulgar: la emoción pura, el miedo o la ira. En ese estado, pedirle a un niño que "piense en lo que hizo" es como pedirle a alguien que está aprendiendo a nadar que resuelva una ecuación mientras se ahoga. Primero hay que sacarlo del agua.

3.- Pasos para surfear la ola emocional

La próxima vez que la tormenta estalle, intenta aplicar la técnica de las 3 "C":

  1. Calma (Tú primero): No puedes apagar un incendio con más fuego. Si tú gritas, su cerebro detecta más peligro. Respira profundo. Tu calma le dice a su sistema nervioso: "Estás a salvo".

  2. Conexión antes que corrección: Agáchate a su altura y valida lo que siente. "Veo que estás muy enfadado porque querías ese juguete, es difícil esperar, ¿verdad?". Validar su emoción no es lo mismo que darle lo que quiere; es reconocer su realidad.

  3. Contención y Consuelo: A veces necesitan un abrazo, otras veces necesitan espacio. Quédate cerca. Una vez que el llanto pare y la lógica regrese (solo entonces), puedes explicar por qué no se pudo comprar el juguete o por qué hay que irse a casa.

El "Post-Berrinche": ¿Qué hacemos cuando vuelve la calma?

Muchos padres cometen el error de querer dar la lección moral durante el berrinche. Sin embargo, el aprendizaje real ocurre en la fase de reconexión.

  1. Reparar el vínculo: Si perdiste la paciencia y gritaste (nos pasa a todos), pide disculpas. "Lo siento, yo también me frustré y no debí gritar. Vamos a intentarlo de nuevo". Esto le enseña que los errores se reparan.

  2. Poner nombre a la emoción: Ayúdale a construir su vocabulario emocional. "Parece que te sentiste frustrado porque no te salió el dibujo". Poner nombre a la emoción activa la corteza prefrontal y ayuda a "bajar la tapa" del cerebro emocional.

  3. Buscar soluciones juntos: En lugar de un castigo, busca una alternativa para la próxima vez. "¿Qué podemos hacer cuando sientas que vas a explotar? ¿Quieres que respiremos juntos o que apretemos un cojín?".

A continuación se desglosa una pequeña tabla con ejemplos para saber cómo intervenir

Lo que el niño hace

Lo que realmente necesita

Lo que debemos evitar

Gritos y pataleos

Sentirse seguro y escuchado.

Gritar más fuerte o amenazar.

Tirar objetos

Espacio para liberar energía física.

Dar sermones largos en ese momento.

Silencio o retirada

Tiempo para procesar antes de hablar.

Forzar un abrazo si no lo quiere.

Un cambio de perspectiva

Un berrinche no es un signo de mala crianza; es una oportunidad de aprendizaje. Cada vez que acompañas a tu hijo en una crisis sin perder los papeles, estás ayudándole a cablear su cerebro para que, en el futuro, él mismo pueda gestionar sus emociones.

Recuerda: Eres su refugio, no su rival.

 
 
 

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