Regreso a clases: cuando el cuerpo del niño aún está de vacaciones
- Neuropsicóloga Paulina Baltazar

- 14 ene
- 2 Min. de lectura
El regreso a clases no solo implica mochilas nuevas, horarios más estrictos y rutinas retomadas. Para muchos niños y niñas, representa un choque fisiológico y emocional después de semanas —o meses— de desajuste en el sueño, la alimentación y las actividades diarias.

Si has notado más berrinches, irritabilidad, dificultad para dormir, falta de apetito o mayor apego, es importante saber esto: no es mala conducta, es un sistema nervioso desregulado intentando adaptarse.
Durante las vacaciones, los ritmos biológicos se flexibilizan: se duerme más tarde, se come a deshoras y las demandas cognitivas disminuyen. Al volver a clases, el cuerpo del niño necesita tiempo para reajustarse. Pretender que este cambio sea inmediato suele generar estrés, tanto en los pequeños como en los adultos que los acompañan.

La buena noticia es que el regreso a clases puede ser gentil, respetuoso y emocionalmente seguro si entendemos qué necesita el cerebro infantil en esta transición.
¿Por qué el regreso a clases desajusta a los niños?
Desde la neuropsicología, sabemos que los niños funcionan mejor con rutinas predecibles, ya que estas brindan seguridad y reducen la carga del sistema nervioso. Al romperse estas rutinas, el cerebro entra en un estado de alerta: hay más cortisol (hormona del estrés) y menos capacidad de autorregulación.
Esto se manifiesta en:
Mayor cansancio o hiperactividad.
Cambios en el apetito.
Dificultades para conciliar el sueño.
Respuestas emocionales intensas.

Por ello, acompañar este proceso desde la comprensión — y no desde la exigencia— es clave.
5 consejos para un regreso a clases gentil y respetuoso
1. Ajusta el sueño de forma progresiva
Evita cambios bruscos. Adelanta la hora de dormir y despertar 15–20 minutos cada día, permitiendo que el reloj biológico se adapte sin generar estrés. Un buen descanso es la base de la regulación emocional y del aprendizaje.

2. Recupera rutinas antes que exigencias
Los primeros días enfócate más en volver a los hábitos (horarios, rituales, organización) que en el rendimiento académico. El cerebro necesita primero sentirse seguro para poder aprender.

3. Valida emociones, incluso las incómodas
Frases como: “Entiendo que te cueste volver”, “Es normal sentirte cansado o triste” ayudan a que el niño no luche contra lo que siente. Validar no es consentir, es acompañar.

4. Cuida la alimentación como parte de la regulación
Horarios más estables y alimentos que aporten energía real ayudan a disminuir irritabilidad y fatiga. Recuerda que hambre y cansancio suelen disfrazarse de “mal comportamiento”.

5. Baja expectativas los primeros días
No todos los niños se adaptan al mismo ritmo. Comparar o exigir adaptación inmediata puede aumentar la ansiedad. La adaptación también es un proceso, no un evento.
Acompañar es más importante que acelerar
El regreso a clases no debe vivirse como una carrera contra el tiempo, sino como una transición que merece acompañamiento consciente. Cuando los adultos regulan expectativas, ofrecen estructura y validan emociones, los niños logran adaptarse con mayor seguridad y bienestar.
Recordemos: un niño regulado aprende mejor, duerme mejor y se siente más seguro. Y esa es la verdadera base para un regreso a clases exitoso.




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